jueves, diciembre 18, 2008

Silencio para Encontrarse con Dios


(Apartes de un texto de Jesús Órtiz López en Arvo Net que me llamó poderosamente la atención por su profundidad)


No hemos sido creados para el ruido sino para vivir en armonía con el mundo y con Dios. Por eso el escritor inglés Tolkien representó la rebelión angélica como un grito infernal que ha desgarrado la armonía silenciosa de las esferas en el universo. Necesitamos el silencio para entendernos y comprender a los demás. Pero en nuestras ruidosas ciudades ya no encontramos rincones para el silencio. Cuando nos hemos instalado por fin para leer un rato, para conversar con un amigo, o para meditar, el televisor de un vecino nos mete en casa el concurso de turno; o un adolescente prueba con sus amigos su habilidad con la moto a escape libre. También puede ocurrir que los perros vecinos ladren porque sienten la cercanía de otro compañero irracional o se quejen porque están solos. No hay silencio en las ciudades, ni en las urbanizaciones, ni en los villorrios: siempre habrá un vecino ruidoso, un joven con moto o unos perros intranquilos. Sin embargo el ser humano necesita el silencio tanto como el comer.

El compositor español Cristóbal Halffter distingue diferentes formas de silencio. Hay un silencio negativo que surge de la materia inerte y que apenas nos interesa porque no es posible establecer comunicación sensible alguna: viene a ser el silencio de la muerte. Son otros los silencios que necesitamos y sobre todo el silencio de la vida. Porque hay silencios activos llenos de energía para nuestra creatividad: es el silencio que oímos en una catedral, en la inmensidad del campo, o en la soledad de nuestro estudio. Silencios activos también son aquellos que emiten realidades silenciosas pero no muertas. Porque si somos capaces de prestar atención escucharemos diversos gritos en los “Fusilamientos del 3 de mayo” de Goya; y también podemos percibir la tensión sonora que emite un capitel románico o unos majestuosos picos nevados. Sí, necesitamos aprender a oír y se hace imprescindible acostumbrarse a aprehender el silencio.

2 comentarios:

Ricardo Muñoz José dijo...

El silencio es el negativo del ruido, pero al revés que el ruido, onda expansiva de exclamación aglomeradora, el silencio existe recostado en su inseparable compañera; la soledad. Entre el silencio y la soledad existe un amplio callejón, una veces es el vuelo hacia el reencuentro con los recuerdos, y otras es el campo de despegue de la imaginación.
Pienso que el silencio y la soledad son indivisibles, aunque la soledad se deshace en ecos y el silencio es punto de fuga de la intención.
¿El silencio es puente de aproximación con la divinidad? Posiblemente. Pero la divinidad participa de todos los espacios, y sólo la sensibilidad puede oírla.

Una vez leí que "la soledad es la amiga de los artistas y el silencio la mano que dirige los impulsos".
Sé que todo es discutible, o al menos opinable, pero prefiero quedarme con el silencio al borde del abismo, antes que con la soledad saludando los vaivenes del desamor.

Un saludo.
Ricardo - Linde5

Alyssa dijo...

en el silencio apacible se escucha la voz de DIOS....hermoso escrito